Revista Obralia Septiembre 2007
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EL GIGANTE DE ACERIBO

El observatorio de Arecibo, en Puerto Rico, ha sido hasta hace muy poco el mayor radiotelescopio construido por el hombre. La antena principal tiene un diámetro de 305 metros y contiene unas 39.000 láminas de aluminio a lo largo de su superficie. Por si fuera poco, suspendido sobre la semiesfera a 150 metros de altura, se encuentra el receptor del radiotelescopio, una gigantesca estructura que se desplaza por el interior de la antena para interceptar las señales reflejadas por los paneles.

Este receptor está situado sobre una plataforma de 900 toneladas y sujeto por 18 cables sobre tres torres de hormigón armado de más de 100 metros. La plataforma posee una vía giratoria de 93 metros de longitud, en forma de arco, sobre la cual se montan la antena de recepción y los reflectores secundarios y terciarios.

Esta disposición es la que permite al telescopio observar cualquier región del cielo en un cono de 40 grados alrededor del cénit local. Aunque el radiotelescopio no puede ser orientado, la antena móvil permite explorar una vasta zona del firmamento. La localización de Puerto Rico cerca del Ecuador posibilita la observación de todos los planetas del Sistema Solar.

El observatorio de Arecibo recolecta datos radioastronómicos y es el mayor radiotelescopio del mundo para buscar vida inteligente en otros planetas. Aquí se realizan varios proyectos del programa SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) dado que su potencia podría detectar una señal artificial procedente del espacio profundo. Hasta el momento ha hecho varios descubrimientos científicos significativos, como la determinación del período de rotación exacto de Mercurio y las fotografías de los primeros planetas extra-solares.

El 16 de noviembre de 1974, se transmitió desde el Observatorio de Arecibo la señal de radio más potente dirigida por la humanidad a las estrellas, con la esperanza de que exista alguna forma de vida extraterrestre en un sistema solar similar al nuestro. El mensaje contenía una serie de informaciones sobre la vida terrestre: un esquema de números, los átomos de los elementos de los que estamos principalmente constituídos, imágenes esquemáticas de la doble hélice del DNA, de un ser humano, del sistema solar y del propio radiotelescopio de Arecibo.

A pesar de todo, y aunque parezca increíble, el observatorio de Arecibo cerrará sus puertas en el año 2011 si no encuentra fondos para su mantenimiento. A partir de ese año se reducirán los fondos que el Gobierno de Estados Unidos dedica a investigación y la continuidad del observatorio peligrará si no se encuentra otra fuente de ingresos.

Fuente: Electrónicafácil

La Torre Mutua: los elementos que se unieron para que el cristal fuera rascacielos

Cinco camiones y varios coches en un abrir y cerrar de ojos. Son sólo las nueve de la mañana y este es el tráfico que registra la entrada a las obras de la torre de Cristal, propiedad de la Mutua Madrileña. Para acceder hay que pasar el primer control de seguridad, que se ha recrudecido desde que finalizó la tregua de ETA.

Sin despistarse mucho, unos pasos más adelante, pasas el segundo y último control. En ese momento, miras hacia arriba y te das cuenta de la inmensidad de la torre.

No es para menos, con 250 metros de altura, este rascacielos, que formará parte del Manhattan Madrileño situado en los antiguos terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, se vestirá de 44.000 metros cuadrados de cristal, el equivalente a seis campos de fútbol. Este traje también ha contado con otros complementos como 40.000 metros cúbicos de hormigón, suficiente para llenar tres piscinas olímpicas. Tampoco nos podemos olvidar de los 4,5 millones de ladrillos que se han utilizado y los 90.000 metros cúbicos de tierra removidos para la construcción de los sótanos.

Dimensiones gigantescas

Cifras que no son fáciles de manejar para el equipo humano formado por más de 650 operarios de diferentes nacionalidades que trabajan en la construcción de esta torre. "Lo difícil de esta obra es coordinar los trabajos, la plantilla y, principalmente, los tiempos", señala el responsable de la Torre de Mutua Madrileña, Javier González Temprano.

Y es que la compleja construcción del rascacielos es un ejercicio de precisión. En una parcela de 75 por 100 metros cuadrados se almacena todo el material de la obra, el problema es que sus dimensiones son tan monumentales que se tienen que utilizar enseguida para dejar espacio a otros elementos.

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